De golpe no estás -nada más sucedió-
borrachera fetal que tu muerte me deja.
No sabría explicar el porqué, pero aquellos momentos donde recuerdo al Cabeza, me remiten inmediatamente a estas estrofas de Alfredo Zitarrosa. Por una parte, es lógico que, ante una tragedia como ésta, nos aferremos al dolor, y a palabras, sentimientos e imágenes que lo refuercen. El duelo es una parte indispensable para procesar la pérdida de un ser querido.
No es necesario que yo ni nadie le rindamos honores a Mauro. Todos sabemos bien quien era: una persona única, por bueno y por encantador.
No recuerdo cuando comenzó nuestra amistad, pero supongo que fue hace más de 10 años. Del Cabeza, me impresionaban muchas cosas, pero sobre todo, aquella devoción que provocaba en sus amigos, al punto que gran parte de la dinámica grupal del Ciclón, giraba en torno a él. Sin dudas era una persona única.
Lo que sí recuerdo con claridad, son aquellos momentos que compartimos, en los que muchas veces nos reímos a carcajadas. Nos entendíamos muy bien, y por suerte ese ida y vuelta era contagioso, y algo tan simple como un asado semanal, se convertía en un evento único, y vigorizante.
Como es obvio, la noticia me dejó en shock muchas horas. Mi mente se negaba a creerlo. Escéptico, tuve que ver la madera y el bronce de su ataúd, para tomar conciencia de la magnitud del hecho. Solo así, con una imagen tan hiriente, pude llorar, y unirme por fin, al desconsuelo colectivo. Posteriormente, mientras descendía aquel cajón, y al ser cubierto por tierra y tela, pude comprobar finalmente, que no lo volvería a ver.
Ese día y los días que pasaron, fueron intensamente dolorosos. No hubo “borrachera fetal”, únicamente porque no me lo permití, y para evitarla, me dediqué a mis tareas habituales. Sin embargo, no por ello, deje de experimentar en carne propia, una depresión sutil, pero aguda; un sentimiento de vacío muy peligroso. Una oscuridad densa y tangible. Sin embargo, sabía que debía aguantar el dolor, y que indefectiblemente volvería naturalmente a mi estado emocional habitual. Finalmente ello sucedió a partir del cuarto día, cuando pude librarme de la carga más pesada, provocada por esa sensación de vacío y tristeza. “Sus ojos se cerraron, pero el mundo sigue andando”, cantaba Gardel, y por suerte para el resto de los que aún vivimos, ello es así. De esto mismo, trata este artículo. Mi intención aquí, no es hacer hincapié en la muerte y en la pérdida, sino en la vida y en las oportunidades que se esconden tras los hechos adversos que se nos presentarán mientras estemos vivos. Como dije antes, el momento de dolor, de duelo y desconsuelo son necesarios, pero más necesario aun, es comprenderlos y aprender de ellos para crecer.
En la sociedad actual, estamos acostumbrados aún a hacer hincapié en el lado negativo de la vida, y ante situaciones como estas, o incluso menos dolorosas o traumáticas, tendemos a enfocarnos únicamente en el dolor. Por más que nos cueste creerlo, somos animales programados por otra era geológica, donde la preocupación era adaptativa; quien no se preparaba para lo peor, no sobrevivía, ya que lo peor era muy probable. Por eso, el pesimismo y la desesperanza, están escritos en nuestro ADN, ya que ello era lógico, no hasta hace mucho, incluso. Sin embargo, debemos tomar conciencia de que ya no vivimos a merced de clima o la geología, y que el hombre ya no es “el lobo del hombre”. Hoy, vivimos en la era de la abundancia material y la información, y que por lo tanto, la gran mayoría de las personas en el mundo, tenemos oportunidades que nunca antes han habido, para vivir vidas dignas e incluso, elevadas. Hoy más que nunca, tenemos la posibilidad de conocer acerca de nosotros mismos como especie y como individuos, para darnos cuenta de éstas potencialidades, y más específicamente, de aquellas que se pueden encontrar en los hechos adversos de la vida.
Para empezar, lo que pensamos acerca de nuestra calidad de vida, es absolutamente erróneo. No hemos evolucionado para ser felices, en el sentido alegre, despreocupado y color de rosa, que tanto conocemos, y al que tanto apuntamos. La neurociencia y la ciencia del comportamiento, han podido comprobar que somos animales que anhelamos el crecimiento constante, y aquello que tiene el máximo potencial para alimentar ese crecimiento, son paradójicamente, los hechos adversos. Es decir, cuando más podemos aprender de la vida, es cuando nos esforzamos en vivirla, y sobre todo, cuando aprendemos de aquellos momentos en los que ésta se niega a cumplir con nuestra voluntad, en cuyo caso, nos vemos obligados a cambiar la estrategia, y muchas veces, nos vemos obligados a cambiar nosotros mismos, para poder obtener el logro que buscamos. Sin embargo, cuando ello sucede, y finalmente alcanzamos la meta, nos ponemos inquietos y nuevamente necesitamos desafiarnos. La ansiedad, la preocupación y el sufrimiento, son potencialmente alarmas saludables, que nos alertan acerca de la falta de crecimiento. Estas alarmas nos despiertan para cuestionar nuestra actividad actual, y a veces, nuestra propia vida, y nos señalan que necesitamos cambiar. Hoy más que nunca, podemos aspirar a escucharlas y a ser creadores de nuestra propia vida.
Muchas veces pensamos que aquellos síntomas que nos hacen sentir mal, son propios de una personalidad débil, o de una enfermedad, y terminamos confundiendo su mensaje; pero muchas veces, por el contrario, éstos son síntomas de salud, que emite nuestro Ser, y que nos dice: “che, ¡no pierdas el tiempo! Levantate del sillón”, o más importante aún, “no estás haciendo en tu vida lo que deberías estar haciendo; ¡es tiempo de tomar decisiones difíciles y cambiar!”, “el tiempo pasa rápido y no estas aprovechando tu vida!”.
El gran Abraham Maslow, fue uno de los pioneros en este tipo de interpretaciones del Ser, y a su respecto, tiene algunas frases reveladoras, como esta:
Si está planeando con toda intención ser menos de lo que es capaz de ser, entonces le advierto que será profundamente desdichado el resto de su vida. Estará evadiendo sus propias posibilidades”.
(…)
Aquel que desestima su talento, el pintor nato que, en su lugar, vende medias; el hombre inteligente que vive una vida estúpida, el hombre que ve la verdad y mantiene la boca cerrada, el cobarde que abandona sus inquietudes; todas estas personas perciben en lo profundo de su ser, que se han hecho mal a sí mismos y se desprecian por ello. De este auto castigo, puede surgir la neurosis, pero de la misma manera, también puede surgir un coraje renovado, una indignación justa, una mayor autoestima, si después se logra hacer lo correcto: en pocas palabras, el crecimiento y la mejora pueden venir a través del dolor y el conflicto.
En esencia, estoy rechazando deliberadamente nuestra fácil distinción actual entre enfermedad y salud, al menos en lo que respecta a los síntomas superficiales. ¿Enfermedad significa tener síntomas? Sostengo ahora que la enfermedad podría consistir en no tener síntomas cuando deberías. ¿La salud significa estar libre de síntomas? lo niego (…)
Claramente, aquello que se llama problemas de personalidad, depende de quién lo esté invocando. ¿El dueño de esclavos? ¿El dictador? ¿El padre patriarcal? ¿El marido que quiere que su mujer siga siendo una niña? Parece bastante claro que los problemas de personalidad a veces pueden ser fuertes protestas contra el aplastamiento de nuestros propios huesos psicológicos, de la verdadera naturaleza interior de uno. Lo que está enfermo entonces es no protestar mientras se comete este crimen. Y lamento informar mi impresión de que la mayoría de la gente no protesta bajo tal tratamiento, lo aguantan y luego pagan años más tarde, en síntomas neuróticos y psicosomáticos de varios tipos, o tal vez en algunos casos nunca se dan cuenta de que están enfermos, que han perdido la verdadera felicidad, el verdadero cumplimiento de la promesa, una rica vida emocional y una vejez serena y fructífera; que nunca han conocido lo maravilloso que es ser creativo, reaccionar estéticamente, encontrar la vida emocionante.
En las siguientes palabras de otro grande, Mihaly Csikszentmihalyi, queda reforzada la idea de que aquello que nos permite crecer, y florecer, puede estar muy lejos de ser placentero en el momento de su realización; al desafiarnos en una actividad que nos absorbe completamente (lo que él denomina, la experiencia óptima o FLOW), nos fortalecemos y nuestra personalidad se agranda. La gran paradoja de la vida, tal como dije antes, es que es el desafío y el esfuerzo lo que nos hace crecer, no la felicidad, entendida como aquellas emociones positivas provocadas por aquellos momentos de placer, hedonismo u ocio inactivo. Estas emociones son efímeras, y NO producen crecimiento personal; la vida no se crea únicamente en base a una sucesión de buenos momentos. Todo lo contrario.
Contrariamente a lo que solemos creer, momentos como estos, los mejores momentos de nuestra vida, no son los momentos pasivos, receptivos y relajantes, aunque tales experiencias también pueden ser agradables, si hemos trabajado duro para alcanzarlas. Los mejores momentos suelen ocurrir cuando el cuerpo o la mente de una persona se esfuerza al máximo en un esfuerzo voluntario por lograr algo difícil y que vale la pena. La experiencia óptima es, por lo tanto, algo que hacemos que suceda. Para un niño, podría ser colocar con dedos temblorosos el último bloque de una torre que ha construido, más alta que todas las que ha construido hasta ahora; para un nadador, podría tratar el batir su propio récord; para un violinista, lograr la maestría sobre un pasaje musical intrincado. Para cada persona hay miles de oportunidades, desafíos para expandirnos.
Tales experiencias no son necesariamente placenteras en el momento en que ocurren. Los músculos del nadador podrían haberle dolido durante su carrera más memorable, sus pulmones podrían haber sentido como si explotaran y podría haber estado mareado por la fatiga; sin embargo, estos podrían haber sido los mejores momentos de su vida. Obtener el control de la vida nunca es fácil y, a veces, puede ser definitivamente doloroso. Pero a la larga, las experiencias óptimas se suman unas a otras en una sensación de dominio, o quizás mejor, a una sensación de participación en la determinación del contenido de la vida, que se acerca más a lo que normalmente se entiende por felicidad que cualquier otra cosa que podamos imaginar.
En definitiva, la vida y la muerte del Cabeza me han reforzado la idea de que si bien hay tragedias de las que está comprobado que es muy difícil recuperarse (la muerte de un hijo y la muerte de nuestra pareja, sobre todo en la vejez), los momentos tristes son parte inevitable de la vida, y no debemos ser aplastados por ellos, sino que debemos encontrarles un sentido que nos permita aprender de ellos. Es decir, no debemos meramente deambular en el hecho en sí, permaneciendo en duelo, sino que debemos buscarle una explicación, una narrativa que nos deje una enseñanza, que nos lleve a la acción, y nos permita vivir mejor. Buscar y encontrarle una explicación positiva, a un hecho negativo, no es únicamente una forma de superar el hecho, sino que es una forma de fortalecer nuestra personalidad.
Desarrollar nuestras fortalezas es indispensable, sobre todo en el camino inicial de la vida; aquel por el cual pretendemos llegar a nuestra realización personal. La realización personal es aquel proceso cargado de motivación que nos permite la construcción de una personalidad única y segura, mediante la realización de una actividad creativa que nos permite conocernos y que nos impulsa a convertirnos en quienes DEBEMOS ser. El proceso de Autorrealización exitoso, nos permitirá soportar los embates de la vida, y evitar la victimización inmadura, propia de la niñez y adolescencia, en los que no estamos preparados para tomar la responsabilidad y el control sobre nuestras vidas, y nos dedicamos a quejarnos de que le mundo no sea tal cual queremos que sea.
Esta es la verdadera alegría en la vida, el ser utilizado para un propósito reconocido por ti mismo como poderoso; el estar completamente desgastado antes de ser tirado al montón de chatarra; ser una fuerza de la Naturaleza, en lugar de un pequeño y febril terrón egoísta, de dolencias y aflicciones, quejándose de que el mundo no se dedicará a hacerte feliz.- GEORGE BERNARD SHAW
Hay otra idea que fue reforzada en mí luego de esta tragedia. Una idea superior. La idea de que la realización personal es solo un medio necesario, hacia un objetivo definitivo que le da sentido total y absoluto a nuestra vida. En la búsqueda de nuestra realización personal, el ego debe ser conocido, controlado, y explotado, pero por sobre todas las cosas, debe ser finalmente TRASCENDIDO, al ser guiado hacia la integración de algo superior a nosotros mismos. En este caso concreto, no creo que ninguno de los integrantes del Ciclón haya dejado de experimentar luego de esta catástrofe, la extraordinaria sensación de que, a pesar de todo, conforman un grupo humano en el que no solo se comparte el dolor, sino que también uno puede encontrar el fortalecimiento personal. La construcción de nuestra personalidad, está íntimamente relacionada a los grupos humanos a los que pertenecemos. Asimismo, los grupos humanos a los que pertenecemos, se nutren de la personalidad de cada uno de sus integrantes. Es una relación sinérgica que necesita nutrición constante de ambas partes.
Por lo tanto, quiero aprovechar esta oportunidad para remarcar, tal como hice antes, que frente a la adversidad, hay un shock y ante una tragedia, obviamente también habrá un duelo. Sin embargo, esto no puede ser una excusa para cerrarnos a la vida. El conflicto, la preocupación, el estrés, el duelo, la tristeza e incluso la tragedia, deben ser piedras en un camino de aprendizaje y crecimiento, personal y grupal. Necesitamos tener personalidades realizadas, pero sobre todas las cosas, necesitamos de un grupo humano del que participar y al que aportar aquello en lo que nos hemos convertido.
En definitiva y a modo de síntesis, hay gente que como el Cabeza, está en desventaja ante la vida, en la medida que tal como correctamente dijo el Gordo Verde en su entierro, él no era libre de elegir. Para ellos, muchas veces no existen opciones. Para todos los demás, la desesperanza no puede ser el camino. El sentido de la vida no podrá ser encontrado sin esperanza en el futuro, y ésta no podrá encontrarse de forma individual; muchas de las respuestas definitivas de la vida, serán encontradas en la creación y pertenencia a un grupo humano del que tomamos energía, y al que le aportamos nuestra personalidad única. Este es el summum de espiritualidad.
Los demonios del que era esclavo el Cabeza, no le permitieron conocerse a sí mismo, y mucho menos le permitieron disfrutar plenamente de todo lo que le rodeaba (gran familia y amigos y gran esposa). Sin embargo, no por eso dejó de ser un aporte gigante en quienes le sobrevivimos. Paradójicamente, Mauro nos dio a todos, mucho más de lo que él mismo se pudo dar a sí mismo, y si bien él no pudo encontrar aquel propósito que le daría sentido a su vida, igualmente terminó siendo un gran aportante de sentido en la vida de todos aquellos que tuvimos la suerte de conocerlo y disfrutarlo. De esta manera, su vida fue corta, pero llena de sentido. Su vida no fue en vano.
Finalmente, quiero traer a colación un concepto poco desarrollado aún, pero que entiendo que será parte importante de la educación del futuro. Me refiero al Crecimiento Post- Traumático, en contraposición al Trastorno de Estrés Post-Traumático. Se viene un cambio de paradigma que viene siendo profetizado por muchos de los grandes genios de la filosofía y la psicología, el cual no hará hincapié en los aspectos negativos de la vida, en la búsqueda de curarlos, sino es las potencialidades del hombre, para crecer y vivir en Bienestar. Que este hecho que nos ha sucedido a todos aquellos a los que Mauro nos dejó su impronta tan humana, sea un momento adecuado, para reconsiderar la vida, y no la muerte, para saber por fin, que las posibilidades de crecimiento se encuentran en hechos como estos. Depende de nosotros mismos, si queremos permanecer inmovilizados ante éstos y morir un poco cada día de nuestra vida, o si queremos, por el contrario, aspirar a aprender de ellos, y buscar y crear una mejor versión de nosotros mismos, y ser un aporte constante en la vida de otros, y sobre todo, construyendo grupos humanos cada vez mejores. Resiliencia, trascendencia y crecimiento humano, son algunos de los valores del futuro.
Finalmente, no debe olvidarse el crecimiento postraumático. Un gran número de personas también muestra intensa depresión y ansiedad después de adversidad extrema, a menudo a niveles del TEPT[1], sin embargo, luego comienzan su crecimiento. A largo plazo llegan a un nivel de crecimiento mayor que el original. “Lo que no te mata te hace más fuerte”, dijo Nietzsche. Esos viejos soldados veteranos de guerras en el extranjero que cuentan historias de guerra, no se encuentran en estado de negación; la guerra fue sin lugar a dudas el mejor momento de sus vidas.
– Martin Seligman, FLOURISH
[1] Trastorno de Estrés Post Traumático












